Este jueves 12 de marzo se realizó el conversatorio “Entre aulas y pasillos: violencias invisibles en la UCV. Rompe el silencio” organizado por la Comisión por la Recuperación de la Universidad Central de Venezuela, la Maestría de Estudios de la Mujer y la comunidad universitaria, en el auditorio azul de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales (FACES).
Durante la actividad, la socióloga y profesora, Morelba Jiménez, señaló que, de acuerdo a la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), una de cada tres estudiantes o trabajadoras universitarias ha experimentado violencia basada en género. Además, dos de cada tres, no denuncia.
“La violencia dentro de las universidades sigue en silencio. Los estudiantes prefieren confiar las situaciones de violencia en sus compañeros de clase y no en la institucionalidad. Esa falta de confianza hay que revertirla”, expresó Jiménez.
La especialista agregó que desde su nacimiento las universidades validaron el saber masculino como saber universal. “A finales del siglo XIX, las mujeres logramos entrar, con muchísimas limitaciones, en las universidades. La academia en América Latina, además del androcentrismo, tuvo el colonialismo. Aún hoy seguimos teniendo una discriminación sobre el tipo de profesiones que debemos ejercer”.
Por su parte, la comunicadora y también profesora, Diana Ovalles, afirmó que los cubículos de los profesores son los lugares más inseguros de la universidad y por eso es importante que las estudiantes conozcan el “Protocolo de Actuación en Casos de Discriminación y Violencia en la UCV” en el marco de la cooperación entre el Centro de Estudios de la Mujer (CEM) de la UCV y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).
“A pesar del patriarcado académico y sus aliados, las autoridades comprometidas con la erradicación de la violencia pusieron esta primera piedra”, agregó Ovalles, quien explicó que el protocolo incluye el acoso, acoso sexual, abuso de autoridad, discriminación y revictimización, aunque también resaltó la necesidad de reparación de las víctimas.
Este protocolo incluye un procedimiento que contempla siete etapas: recepción de casos y denuncias, valoración inicial, medidas de protección, emisión de informe, procedimiento alternativo de diálogo y reflexión, seguimiento y control, y cierre del procedimiento.
Al respecto, la antropóloga e investigadora, Aimee Zambrano, resaltó que hace décadas era muy difuso determinar que era y que no era violencia académica. “Se había naturalizado que profesores se acercaran a hablar contigo, te invitaran un café o unas cervezas, aunque fuéramos adolescentes. En este sentido, se ha avanzado mucho en cuanto al análisis de las relaciones desiguales de poder”.
Zambrano hizo alusión a los escándalos de hostigamiento, acoso y abuso sexual que han impregnado, por ejemplo, las Escuelas de Letras y Antropología, donde las estudiantes han tenido que organizarse y usar las redes sociales para formular sus denuncias pues el ámbito académico protege a docentes agresores, que no son despedidos o al poco tiempo son reinsertados.
“El protocolo es maravilloso, pero hay que ir más allá. Debemos hacer caracterizaciones desde las estudiantes, conocer qué otras formas de violencia están presentes en la UCV. Venezuela pasó de ser un país de tránsito a un país de captación para redes de trata: ¿quién nos dice que esto no está ocurriendo dentro de los espacios universitarios? Hoy también tenemos el uso de la Inteligencia Artificial (IA) para generar imágenes violentas”.
Asimismo, la gestora social, Merlyn Pirela, resaltó que esta lucha requiere de la interseccionalidad para que la violencia contra las mujeres afro se tipifique tomando en cuenta sus particularidades. “Que se visibilice a las mujeres negras, explicar cómo experimentamos nosotras la violencia de forma permanente, con episodios frecuentes que arrojan la muerte o incapacitación de un número significativo de mujeres afro”.
Pirela comentó la necesidad de “ennegrecer” las bases de datos pues las mujeres afros no cuentan con las estadísticas necesarias para elaborar diagnósticos, diseños y políticas públicas efectivas. “Estamos expuestas a violencias específicas derivadas de los estereotipos contra las mujeres negras. Por ejemplo, en la UCV, en la Escuela de Medicina se ha discriminado a las mujeres negras al punto de hacerlas abandonar la carrera”.
En este sentido, Pirela destacó el caso de la Doctora Josefina Bringtowm, la primera médica pediatra afrodescendiente egresada de la UCV, quien fue victima de múltiples tipos de violencias incluyendo el apodo de “la doctora de color” por parte de la prensa.
Las panelistas resaltaron que, de las 69 universidades venezolanas, solo la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), la Universidad Metropolitana (UNIMET), la Universidad de los Andes (ULA) y la UCV poseen protocolos contra la discriminación y violencia y la mayoría de ellos se aprobaron apenas en el 2024. La versión digital accesible del protocolo ucevista se puede descargar en la página web del PNUD, en este link: https://www.undp.org/es/venezuela/publicaciones/protocolo-de-actuacion-en-casos-de-discriminacion-y-violencia-en-la-ucv



