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La UCV de Guzmán a Castro

La rebelión contra el caudillismo: La UCV de Guzmán a Castro (Parte I)

Tal y como se conoce, la Universidad Central de Venezuela (UCV) (1) florece a partir que, en 1827, el Libertador Simón Bolívar promulga los estatutos republicanos, que fijan los fundamentos modernos de la casa de estudios.

 

La emancipación, que había sido uno de los legados más importantes, rápidamente se convertirá en una amenaza para los gobiernos de corte personalista y militar, que se instalan en el poder a lo largo del siglo XIX y en los albores del XX.

 

Una universidad que manejó importantes recursos financieros, con los que incluso hizo préstamos al gobierno nacional (1835), quedará convertida en un apéndice de los humores de los dictadores de turno, una universidad que nunca más hubo de recuperar el esplendor, al menos económico, de su incubación republicana.

 

El mayor de los saqueos ocurrió con Guzmán Blanco y la mayor de las persecuciones con el caudillismo andino. En ambos casos conseguirán en el seno de la universidad la resistencia necesaria para escribir la historia contemporánea del país.

 

Los movimientos de protesta contra las autocracias comienzan con los estudiantes, e inmediatamente hacen eco en el pueblo. Para la época, como refiere Alberto Navas, cronista de las UCV, “no existían partidos políticos de oposición organizados ni modernos, sino más bien grupos de seguidores caudillescos”, por ello el ingenioso papel de los estudiantes se perfila de distintas formas para lograr el objetivo de torcer el destino hacia un país libre y soberano.

La Sacrada

Una semana después de La Sacrada, el gobierno de Castro decretó la expulsión de los 24 estudiantes de la UCV involucrados en la organización de la comparsa, así como la clausura de la universidad. El decreto prohibía además recibir a los estudiantes en universidad alguna. Dos meses después, el 20 de mayo, cesa la hostilidad, los estudiantes expulsados son readmitidos en la UCV y se reabre la casa de estudios.


El historiador y cronista de Universidad Central de Venezuela, Alberto Navas, asegura que el movimiento en torno a la Sacrada “fue una reacción de la población contra el caudillismo y el autoritarismo de Cipriano Castro”.

 

En su libro (3), Navas escribe sobre las pugnas entre la máxima casa de estudios y el caudillaje de turno. Se refiere especialmente a “los grandes jefes autocráticos como el general Guzmán Blanco (…), también sus seguidores del Partido Liberal Amarillo, como el general Joaquín Crespo; quienes intervinieron la Universidad Central de Venezuela y la despojaron de sus bienes rentales heredados de la Colonia y de las donaciones aprobadas por el Libertador Simón Bolívar, alegando siempre el origen hispánico y conservador de la Universidad, tildándola de ‘Nidal de Godos’”.

 

Con Cipriano Castro y Juan Vicente Gómez, la Universidad se ve reducida al mínimo de su funcionamiento académico, en palabras de Reinaldo Rojas (4).

Las hazañas militares de Sacre no son del todo imaginarias, durante sus viajes por el interior del país escuchó a los protagonistas de las diferentes guerras que había experimentado Venezuela en su historia reciente (si acaso la más importante: la Guerra Federal). El libanés hizo suyas las proezas militares y, de vuelta a Caracas, contó las mismas historias en las que ahora él sería el héroe.

 

Las grandilocuencias de Sacre se comparan con las adulaciones de las que es objeto el Cabito, apodo que se le endilga a Castro y que traduce el sobrenombre con el que se conoció a Napoleón Bonaparte: le petit caporal. Los estudiantes notaron el paralelismo entre Sacre y Castro, y aprovecharon el “parecido” para criticar el gobierno, y así fue como fundaron la mentada sociedad.

 

Durante la caravana de carnaval, el séquito de Sacre avanza poco. De frente, en sentido contrario, se acerca otro tumulto, se trata de la escolta presidencial que tutela el propio Castro. Sorprendido, el caudillo de Capacho detiene en seco el trote de su caballo, que se para en dos patas luego de corcovear. Castro tuerce las riendas de su animal, no sin antes ordenar la dispersión de la comparsa y la captura de los involucrados.

La linterna mágica

El movimiento que se conocerá luego como la Sacrada (huelga decir que el nombre proviene del personaje usado para tales fines) tiene como vocero al periódico satírico La linterna mágica, dirigido por Maximiliano Lores y Luis Muñoz Tébar, órgano de difusión de las ideas críticas de los estudiantes contra el régimen de turno.


Antes del carnaval de 1901, ocurre un evento relevante que involucra y ofrece mayor notoriedad a esta publicación. Tiene que ver con el terremoto de San Narciso, registrado la madrugada del 29 de octubre de 1900. La linterna mágica caricaturiza una escena real, en la que el presidente lleno de pánico por las sacudidas del temblor, se arroja por los balcones de La Casa Amarilla, vistiendo sólo el camisón de dormir, y sujetándose a un paraguas, como si fuera un paracaídas.


La Sacrada vino a confirmar la burla iniciada meses antes y a posicionar a Castro como una caricatura. El humor se consagra así en una forma de protestar contra los desmanes vividos en el seno de la universidad, desmanes que se intensificaron en los años siguientes.

Una semana después de La Sacrada, el gobierno de Castro decretó la expulsión de los 24 estudiantes de la UCV involucrados en la organización de la comparsa, así como la clausura de la universidad. El decreto prohibía además recibir a los estudiantes en universidad alguna. Dos meses después, el 20 de mayo, cesa la hostilidad, los estudiantes expulsados son readmitidos en la UCV y se reabre la casa de estudios.


El historiador y cronista de Universidad Central de Venezuela, Alberto Navas, asegura que el movimiento en torno a la Sacrada “fue una reacción de la población contra el caudillismo y el autoritarismo de Cipriano Castro”.

 

En su libro (3), Navas escribe sobre las pugnas entre la máxima casa de estudios y el caudillaje de turno. Se refiere especialmente a “los grandes jefes autocráticos como el general Guzmán Blanco (…), también sus seguidores del Partido Liberal Amarillo, como el general Joaquín Crespo; quienes intervinieron la Universidad Central de Venezuela y la despojaron de sus bienes rentales heredados de la Colonia y de las donaciones aprobadas por el Libertador Simón Bolívar, alegando siempre el origen hispánico y conservador de la Universidad, tildándola de ‘Nidal de Godos’”.

 

Con Cipriano Castro y Juan Vicente Gómez, la Universidad se ve reducida al mínimo de su funcionamiento académico, en palabras de Reinaldo Rojas (4).

Movimiento estudiantil

Después del Guzmancismo, la UCV parece tener mayores coincidencias que conflictos con el gobierno, al menos desde el punto de vista de sus autoridades, quienes participan frecuentemente de las grandes celebraciones. Así pues, la “reacción frente a determinada situación política, incluso cuando ella incide directamente en la vida universitaria parece estar reservada […] al menos en su forma pública, a los estudiantes” (5).

 

Según María Elena González Deluca, también “es entonces cuando comienza el movimiento estudiantil… a través de asociaciones de carácter gremial o bien marcadamente político”.

 

En opinión de la autora, una de las formas de protesta que resulta efectiva a los propósitos políticos estudiantiles, fue la sátira, a través de producidas parodias que consiguen impactar la opinión pública del momento y hacer parte de la historia del incipiente movimiento estudiantil. Ejemplos son La Delpiniada y La Sacrada “que provocaron la reacción represiva de los aludidos gobernantes: Guzmán Blanco y Cipriano Castro. Tampoco faltaron las protestas estudiantiles más directas. Todas ponían de relieve (…) la afasia política que parecía haber atacado a los profesores y a las autoridades universitarias”.

 

Por estas fechas se amasa lo que podría calificarse como el germen de las organizaciones y federaciones de estudiantes universitarios.

(1) “Para el caso específico de Venezuela, la antigua Real y Pontificia Universidad de Caracas pasó a ser entonces la “novísima” Universidad Central de Venezuela, ello en el marco de la ya citada Ley colombiana de 1826, pero, en nuestro caso particularmente impulsada por la reforma de sus Estatutos monárquicos durante el proceso del año 1827 (…) Conocido y aprobado por el Claustro, el proyecto pasó el 12 de mayo de 1827 a la consideración del Libertador Simón Bolívar, Presidente de Colombia, quien los estudió junto al Rector Dr. José María Vargas por dos semanas de trabajo conjunto, pasando a sancionarlo el 24 de junio de 1827, en el sexto aniversario de la batalla de Carabobo”.

NAVAS, A. 2021. Simón Bolívar y el proceso de reforma de los Estatutos de la Universidad Central de Venezuela, pág. 16. Caracas.

 

(2)Navas, A. 2017. La UCV en el proceso histórico venezolano, en: http://www.ucv.ve/sobre-la-ucv/resena-historica.html

(3) Navas, A. 2021. El Rey Felipe V de España y la fundación de la Universidad de Caracas en 1721, hoy Universidad Central de Venezuela. Ediciones de la Biblioteca – EBUC, Caracas.

 

(4) ROJAS, R, Historia de la Universidad en Venezuela, en Boletín de la Academia Nacional de la historia, Edición especial 300 años de la UCV, Número 417, Tomo CV, pág 210, Caracas.

 

(5) GONZÁLEZ M. 2022. Tres temas claves de la historia de la UCV: La visión de Manuel Caballero, en Boletín de la Academia Nacional de la historia, Edición especial 300 años de la UCV, Número 417, Tomo CV, pág 91, Caracas.

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