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La UCV de Guzmán a Castro

La rebelión contra el caudillismo: La UCV de Guzmán a Castro (Parte II)

En la universidad se forma académicamente la nueva intelectualidad, que más adelante regirá los destinos de un país signado por militares y caudillos al frente del gobierno. Mientras, es la élite en ascenso que, a falta de partidos políticos modernos, guía el descontento popular contra los caudillos de turno y sus acólitos.

 

Por el momento, el poder en Venezuela se decanta por el jefe militar que ostenta el ejército más poderoso. La Universidad Central de Venezuela (UCV) asume una posición de defensa de la autonomía, heredada desde tiempos de El Libertador Simón Bolívar (1827), autonomía que sufre ataques persistentes. Con esta situación se gesta una tendencia que será, por mucho tiempo, constante histórica: la relación antagónica de la universidad con los gobiernos.

 

El rol histórico de los estudiantes se perfila de distintas formas para lograr el objetivo de torcer el destino hacia un país libre y soberano.

La Delpiniada

El uso de la sátira para enfrentar al poder no empezó con la Sacrada. Una generación antes, en 1885, los estudiantes se burlaban del presidente en el Teatro Caracas, y para ello recurrieron a un personaje del pueblo, en el que recayó la fanfarria y la adulación a la que se acostumbraba el entonces presidente Antonio Guzmán Blanco. El personaje en cuestión, Don Francisco Antonio Delpino y Lamas cosía sombreros.

 

Delpino era un obrero, habitante de El Guarataro, barrio conocido entonces por ser la puerta de entrada de los Valles de Aragua a Caracas, un lugar de tránsito y recuas. El hombre, además de sombreros, remendaba poemas, que los intelectuales de la época calificaron de “enrevesadas composiciones” (1). Él mismo se atribuía la creación de una nueva forma poética a la que llamó Metamorfosis.

 

Así fue que Delpino -obnubilado- cayó en la trampa de Lucio Villegas Pacheco, Manuel Vicente Romero García y Francisco Caballero, cabeza del grupo de intelectuales que organizó la llamada “Velada literaria en honor del excelentísimo señor don Francisco Antonio Delpino y Lamas”, en el Teatro Caracas, la noche de Santa Florentina, el 14 de marzo de 1885.

 

Pero no sólo Delpino creyó en la buena intención de los estudiantes. “Dicho acto cuenta con la asistencia del Gobernador del Distrito Federal, hecho que parece indicar que el evento no despierta sospecha alguna, por parte de las autoridades, en relación a su verdadero propósito: burlarse de Guzmán y sus acólitos”, refiere María Soledad Hernández (2009) (2).

A pesar de que Guzmán Blanco no fue nombrado ni aludido, reprodujeron la pompa de sus adulantes con piezas musicales, ofrendas y discursos. También fundaron, un mes después, un periódico de oposición, al que bautizaron como El delpinismo.

 

El saludante, manganzón, como también se le conocía al ilustre americano se encontraba fuera del país, por problemas de salud. Esto no le impidió mandar a cerrar el pasquín y apresar a Delpino y sus “guasones”, en manos de Crespo.

 

“El humor es una respuesta inteligente a muchos actos brutos”, advierte Roberto Malaver, humorista venezolano y profesor de la escuela de Comunicación Social de la UCV. Y cita al periodista y humorista Kotepa Delgado para quien “el humor no tumba gobierno, pero contribuye apoyando el desencanto de la gente”.

 

Malaver cree que el humor siempre ha sido un arma para defenderse individualmente o en colectivo. “Tanto la sátira, que contribuye a devaluar solemnidades, y el humor, que rescata lo más importante de la gente, es decir, su inteligencia, son dos acciones que trascienden cuando son ejecutadas con verdadera maestría”.

 

El también publicista apunta a La Delpiniada como un buen ejemplo de la sátira, y la Cátedra del humor Aquiles Nazoa, de la UCV, como un ejemplo “del mejor humor venezolano. Ambas acciones han trascendido y hoy son recordadas como gestas históricas”.

Origen del movimiento estudiantil

Para Lionel Muñoz Paz, Director del Instituto de Estudios Hispanoamericanos de la UCV, “si bien la tradición republicana de la universidad se remonta al año 1827, cuando se promulgan sus estatutos republicanos por obra del para entonces Presidente de Colombia, el Libertador Simón Bolívar, y en ese momento el propio Bolívar crea las condiciones materiales para la autonomía administrativa de la universidad, no es menos cierto que a lo largo de nuestra tradición republicana la relación entre la universidad y los gobiernos ha sido básicamente antagónica”.

 

El fallecido cronista de la Universidad Central de Venezuela, Ildefonso Leal, reitera y resume (1967) los últimos setenta años del siglo XIX, en los que la UCV “perderá dos conquistas importantes consagradas en los citados estatutos republicanos: la autonomía universitaria y el patrimonio económico” (3). Según el también ex Presidente de la Academia Nacional de la Historia, “los gobiernos personalistas -casi todos de corte militar- van a reservarse el privilegio de designar y remover las autoridades de la Universidad y su personal docente, y bajo la Presidencia de Antonio Guzmán Blanco se obligará a las Universidades a enajenar sus propiedades, dejándolas así económicamente dependientes del Presupuesto General de Gastos de la Nación”.

 

Leal agrega que hasta el gobierno del llamado “autócrata ilustre”, la Universidad Central de Venezuela “poseyó y administró un inmenso patrimonio económico representado en haciendas, esclavos, casas y tierras”. Y remata diciendo que “quizá no hubo en América una Universidad tan espléndidamente dotada como la nuestra”.

Los despojos materiales, y por tanto la violación a la autonomía, condujeron a protestas cívicas estudiantiles como La Delpiniada (1885) y La Sacrada (1901), así como al derribo de las estatuas erigidas para adular a Guzmán Blanco (1889).

Alberto Navas, historiador y actual cronista de la UCV estima que la “resistencia universitaria a los regímenes autoritarios estaba naciendo en la Venezuela de las últimas décadas del siglo XIX”.

 

La autonomía académica, considera Lionel Muñoz, “ha sido maltratada y violada por las administraciones que hubo en Venezuela después del año 1959” (4). No fue sino hasta 1999, durante el gobierno del presidente Hugo Chávez, que la autonomía fue considerada precepto constitucional.

 

El artículo 109 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela reconoce la autonomía universitaria “como principio y jerarquía que permite a los profesores, profesoras, estudiantes, egresados y egresadas de su comunidad dedicarse a la búsqueda del conocimiento a través de la investigación científica, humanística y tecnológica, para beneficio espiritual y material de la Nación. Las universidades autónomas se darán sus normas de gobierno, funcionamiento y la administración eficiente de su patrimonio bajo el control y vigilancia que a tales efectos establezca la ley. (…)”.

 

La universidad no es un país dentro del país. Al decir de Gabriel Soriano, profesora jubilada de la UCV “autonomía no es soberanía”; y añade que este concepto deviene en una “potestad limitada contemplada en el derecho y explicable por él” (5).

 

No obstante, “los días de Cipriano Castro y muy especialmente los días del dictador Juan Vicente Gómez fueron días de represión para la universidad”, represión convertida en persecusión, desaparición, cárcel, exilio y tortura contra quienes se le oponían, violando así la autonomía teológica de la casa de estudios, e impulsando por antonomasia el liderazgo que asumiría las riendas del país en la segunda mitad del siglo XX. Cuajan de esta manera los cimientos para la formación de las organizaciones estudiantiles futuras.

(1) LOVERA, R. Delpino y Lamas, Francisco Antonio, Diccionario de historia de Venezuela. En: https://bibliofep.fundacionempresaspolar.org/dhv/entradas/d/delpino-y-lamas-francisco-antonio/

 

(2) HERNÁNDEZ, M. 2009. PERÍODICOS. La Delpiniada. Nueva faz de la literatura venezolana. 1895. Caracas: Tipografía El Cojo. El Delpinismo, 1885. Biblioteca Nacional, Venezuela.

 

(3) LEAL, I. 1967. La Universidad de Caracas: 237 años de historia, Caracas: edición especial del Círculo Musical.

 

(4) En 1958 se aprobó la Ley de universidades autónomas, ley especial que consagró el principio de la autonomía universitaria en Venezuela.

Con la reforma parcial en 1970, al Decreto Ley de Universidades de 1958, la autonomía universitaria deja de ser plena para ser restringida, con la Ley de Universidades, luego del allanamiento de la Universidad Central de Venezuela, bajo el gobierno de Rafael Caldera en 1969. Antes, en 1966 Leoni también había allanado el recinto universitario.

 

(5) SORIANO, G. 2022. Sobre la autonomía universitaria, en Boletín de la Academia Nacional de la historia, Edición especial 300 años de la UCV, Número 417, Tomo CV, pág 20, Caracas.

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