El paisajismo de la UCV, otra proeza de Villanueva

Desde agosto de 2021, la Comisión Presidencial para la Recuperación de la UCV trabaja sin descanso en la recuperación del patrimonio paisajístico del campus de la Ciudad Universitaria de Caracas. Pero, ¿por qué es tan importante esto?

El campus y el Jardín Botánico están ubicados dentro de una poligonal de protección de 168 hectáreas, que constaba originalmente de 40 edificaciones (hoy tiene más de 70) articuladas por extensas áreas verdes, bajo lineamientos ambientales y climáticos diseñados por el arquitecto Carlos Raúl Villanueva y el ingeniero Luis Damiani, quien coordinó la ejecución, además del apoyo de botánicos como Tobías Lasser y Leandro Aristeguieta.

Para comprender lo trascendental del planteamiento paisajista desarrollado por Villanueva es importante conocer sus antecedentes: el movimiento urbanístico ciudad jardín versus el moderno.

Un debate

El movimiento de ciudad jardín propuesto por Ebenezer Howard (1898) planteaba crear ciudades que combinaran las ventajas de la vida urbana con las del campo para resolver problemas como el hacinamiento y la insalubridad, pero estos ideales fueron criticados por el movimiento moderno (1910), que propuso “ciudades funcionales, racionales y eficientes” mediante el uso de la arquitectura y la planificación.

El movimiento moderno no planteaba desarticular la urbe, aislando al individuo en ciudades satélites autosuficientes, como lo estipulaba el concepto de ciudad jardín, sino más bien integrándolo socialmente con la creación de grandes espacios verdes dentro de ella.  

De hecho, los modernistas usaron el lema “Sol, espacio y vegetación”, pues afirmaban que el tipo de planificación más efectiva era la que dejaba espacios abiertos entre edificios, como reguladores climáticos, fuente de luz y ventilación.

En el campus, Villanueva hizo una fusión perfecta entre el principio higienista de la ciudad jardín y el planteamiento moderno, con límites definidos y manejables.

“Era la oportunidad para experimentar la creación de una ciudad en miniatura, con las virtudes que permite el verdor de sus espacios abiertos como plataforma y lugar propicio para el intercambio cultural y social, enmarcados dentro de la unidad urbana. Sus planificadores lo concibieron como una ciudad que enseñaba, aprendía, vivía y dormía dentro de otra gran ciudad que la alojaba o la albergaba”, afirma la profesora Aguedita Coss, investigadora docente del Centro de Estudios Integrales del Ambiente de la UCV y también profesora de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de esta universidad.

De esta forma, a las cuatro funciones básicas propuestas por el movimiento urbano: habitar, trabajar, recrearse y circular, se le incorporó el estudiar.

Una fusión

Todo esto se encuentra reflejado en el plano de división orgánica del campus, donde se puede apreciar cómo Villanueva clasificaba los sectores y las edificaciones. Además, tipificó de forma precisa las masas de árboles, el bosque, los ejes de palmeras y las grandes extensiones de engramados.

“La obra de Villanueva en la Ciudad Universitaria adoptó no solo las directrices del documento conocido como la Carta de Atenas en sus primeros esquemas, sino también las ideas que confrontaron a esa carta los años siguientes”, apunta Coss, quien se dedicó a estudiar el paisajismo ucevista tanto en su Magíster Scientiarum en Arquitectura Paisajista (2003) como en su Doctorado en Arquitectura (2014).

De acuerdo con su investigación, el bosque urbano de la Ciudad Universitaria de Caracas consta de una composición florística conformada por 300 tipos de especies vegetales pertenecientes a más de 40 familias botánicas, autóctonas y exóticas.

“Este campus se convirtió en un escenario idóneo para la puesta en práctica de la nueva monumentalidad vinculada al resurgir del corazón de la ciudad y el logro de la síntesis de las artes, la cual va más allá de la fusión de la arquitectura, pintura y escultura, pues el maestro Villanueva, en su genialidad de jugar con lo etéreo, también convirtió el paisajismo en un componente importante de esta comunión”, agrega Coss.

Una recuperación

Tras el progresivo deterioro del campus, que se evidenció en la caída de dos tramos del techo del pasillo 5 en 2020, la Comisión también encontró una serie de problemas vinculados al paisajismo, los cuales han sido abordados de forma sistemática: drenajes superficiales que hicieron que las raíces de los árboles se pudrieran, ausencia de un tratamiento fitosanitario profundo e infección por acción de parásitas de tipo guatepajarito y epifitas como la tiña.

Ante esto, la doctora Coss puntualiza que se hicieron podas en los casos donde el guatepajarito estaba colonizando todo el árbol, pues el campus estaba completamente infectado de este tipo de parásitas: “No necesariamente porque un árbol se vea bien, está bien, y esto hay que entenderlo. También se repararon importantes botes, pues las inundaciones ocasionaron la formación de hongos y bacterias en las raíces de algunas de las especies y debilitaron su estructura o el propio suelo, ocasionando algunos desplomes”.

Asimismo, Coss explica que se abordó la presencia de “una gran cantidad de árboles frutales que germinaron en sitios inadecuados, y que se les permitió su desarrollo en el tiempo, lo cual puso en riesgo el patrimonio edilicio, las obras de arte”.

La experta agrega que también se trabajó con los robles, árboles que tienden a caerse en temporadas lluviosas pues necesitan rocas para fijar sus raíces. Además, la Ciudad Universitaria se encuentra sobre la vega de dos ríos: el Guaire y el Valle.

“También hay otros árboles, como los carboneros, los tulipanes africanos, los bucares, que son muy hermosos, pero tienen corta vida y tienden a descomponerse y desplomarse. Por eso, tenemos que tenerlos en el campo, son muy importantes, pero deben estar bien ubicados y no cerca de edificaciones”, enfatiza Coss.

Volver al origen

Los expertos de la Comisión se han apegado a los planos de Villanueva, donde se detalla todo lo referente a la vegetación:

“Por ejemplo, al suroeste de la Facultad de Arquitectura había un estacionamiento, pero en los años 80, cuando yo estudiaba, fue convertido en un jardín, como muchas de las áreas vacías del campus que se convirtieron en jardines, plazas o canchas. Mi teoría era que en algún momento se le había tirado tierra y grama al asfalto y se había hecho un jardín. Cuando empezamos a hacer los trabajos, pudimos constatar que eso fue así y además había más de ocho drenajes tapados y tapiados, los cuales ya se recuperaron”.

Al mismo tiempo, se realizó un arduo trabajo en el conjunto de Ingeniería, que tiene unos ejes muy importantes de chaguaramos Roystonea venezuelana,  los cuales se encontraban afectados por los gusanos y por un tipo de guacamaya que utiliza estas palmas para anidar. Por ende, a la hora de estos trabajos también se cuidó que no hubiese nidos.

A la par, se sentó conciencia: alrededor de los pasillos cubiertos no debemos sembrar más palmas, porque todas estas semillas van a parar a los drenajes.

Los trabajos de la Comisión incluyen el retiro de troncos secos, tareas de desmalezamiento, tratamiento fitosanitario al arbolado, reforestación con las especies arbóreas originales o sustituyendo las que ya no están en el mercado y revisando el comportamiento de las existentes, siempre de la mano de expertos en el área.

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