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Maderas exóticas venezolanas: el arte y la ciencia de Francisco Narváez

Decir que la ciudad Universitaria de Caracas es un museo a cielo abierto, no es cualquier cosa. Entre sus caminos y múltiples edificios se despliegan más de 108 obras de arte de artistas nacionales e internacionales.

 

Y pudiera parecer poco pero estas obras tienen más de 50 años resistiendo entre nosotros, recordándonos de dónde venimos y quiénes le dieron voz a una época para poner a Venezuela a la vanguardia de la modernidad.

 

Hoy, el compromiso de la Comisión Presidencial para la Recuperación de la UCV es devolverle el brillo a este campus universitario, patrimonio de la humanidad, no sólo a través del rescate de los espacios sino también a través de la restauración de las obras de arte que forman parte de este.

Arte y tecnología: una unión posible

En Venezuela, la restauración es un oficio que se adquiere de la experiencia en el trabajo del arte. Quienes lo ejercen son de profesiones tan variadas como carreras universitarias existen, pero con el arte como raíz siempre.

 

Katy Castillo lo sabe. Siempre quiso hacer arte. Desde Mérida, soñó con casas de madera y de grande se enfiló hacia su destino: la Universidad de Los Andes la tituló como Ingeniera Forestal.

 

Parecerá absurdo pero este tecnicismo que le permite conocer la aplicación de principios y técnicas de ingeniería para el manejo de tierras forestales y extracción de madera, entre muchos otros, le permiten a Katy un vasto conocimiento en el arte de la madera, sus características y usos.

 

Es por esta última razón y sus más de 30 años de experiencia como restauradora de casas coloniales y piezas antiguas de madera, que el equipo de la Subcomisión de Infraestructura le encomienda la restauración de la obra sin título Mural en Relieve, del escultor venezolano Francisco Narváez.

 

Desde un andamio en la Biblioteca del Instituto Botánico de la UCV, Katy Castillo habla con pasión de esta obra que hiciera el maestro Narváez en 1956, a petición de Carlos Raúl Villanueva, para lo que conocemos hoy como la “Síntesis de las Artes Mayores”.

 

La obra de arte de Francisco Narváez tiene una función científica: muestra cinco especies tropicales de madera con diferentes propiedades y características, para que los estudiantes y el público en general puedan apreciar nuestras maderas venezolanas e incentivarlos al estudio, uso y conservación.

 

“Estas maderas son venezolanas, maderas duras de los bosques tropicales, preciosas y lujosas, de alta durabilidad natural, resistentes a los ataques de insectos y hongos, por lo que dedujimos que el maestro Naváez era todo un tecnólogo, porque se sabía qué madera se contrae, cuáles no, cuáles duraban en el tiempo y cuáles eran las más preciosas del mercado”, dijo la ingeniera.

 

Las maderas que conforman el ensamble son: Mora, Vera, Cartán, Zapatero y Pardillo, y la propuesta para restaurar y conservar cada figura que conforma el ensamblaje del escultor Narváez, se basa en el conocimiento técnico-científico de estas maderas y cómo interactúan con el medio ambiente que las rodea.

Mantener y preservar es la premisa

Con el tiempo, la obra de Narváez en el Jardín Botánico presentó un deterioro considerable a consecuencia de agentes externos. Los niveles de porosidad que tiene la madera, la hacen vulnerable a cambios ante la temperatura, la humedad y la luz solar.

 

Esta característica la hace orgánica e higroscópica, un término que se refiere a la capacidad de algunas sustancias o materiales de absorber humedad del medio circundante: “eso te hace pensar que la madera aún cuando uno la transforma, sigue viva”, dice Katy.

 

“Esto hace presumir que el maestro Narváez utilizó madera verde, húmeda y esa puede ser una de las causas del desprendimiento del ensamblaje por espigado, también pudo haber sido la causa del pandeo de algunas maderas; por otra parte, influyeron los cambios de temperatura y humedad que ocurren en el día en un país tropical, como Venezuela”, destacó Castillo.

 

Pero la ingeniero restauradora no estuvo sola, pues además del equipo asesor, Katy se hizo acompañar de los hermanos artesanos Vladimir Rivas y Peniel Rodríguez, quienes heredaron el oficio de la carpintería e hicieron de ella su pasión en San Mateo, estado Aragua.

 

Valiéndose de prensas y el martillo de goma tuvieron que ir “pivoteando” en sitio y girando hasta conseguir engranar las piezas de nuevo: “Porque si tú sacas una pieza del hábitat, como es orgánica ya no encaja igual”.

 

Castillo fue enfática al destacar que ninguna pieza fue removida de su lugar, todas fueron trabajadas y restauradas en el mismo lugar donde hace sesenta años las colocó el maestro Narváez: “un mes tenemos en esto, pero yo creo que nos rindió mucho”.

 

Con colores muy exóticos y tropicales que se pasean por el anaranjado, morado, con vetas marrones, negras, beige y marrón, este mural es un espectáculo visual que da cuenta de las riquezas naturales de nuestro país.

 

Hasta ahora no existen registros tangibles de cómo quedó la obra luego de su inauguración, pero hoy muestra esas huellas que el tiempo le ha dejado como una prueba de lo que no debe volver a repetirse.

 

“Nosotros comenzamos a remover la pintura que recubría las piezas con lija 180, luego con 320, posteriormente 600 y luego ahí entramos en el proceso de pulido, con una lija de 1500 y 2000, que es como una tela que al usarla  se bota un polvillo que va sellando los poros de la madera, una técnica que la protege y con la que no hay necesidad de aplicar ningún producto sellador”.

 

Al mismo tiempo, la ing. Katy Castillo generará a partir de su experiencia, un manual de procedimiento y mantenimiento de esta obra para lo que estiman acondicionar el espacio donde se ubica con un filtro de luz ultravioleta, así como la recomendación de quitar el polvo semanalmente con un plumero. 

 

De igual forma, se hará un registro fotográfico de antes y después, así como un estudio fotogramétrico donde va a decir cuántas piezas tiene y cuántos elementos tiene cada pieza y habrá un estudio científico de la anatomía de las maderas que ofrecerá información sobre el género y la especie de las maderas.

Conservando la obra de Narváez

Hijo del ebanista José Lorenzo Narváez y Vicenta Emilia Rivera, el escultor margariteño, Francisco Narváez, nació en 1905. Su padre fue conocido por sus tallas decorativas realizadas en la Iglesia del Valle del Espíritu Santo de La Asunción y por la construcción del faro de navegación de Porlamar (Edo. Nueva Esparta).

En 1916 Narváez participó en una exposición de artesanía en Cumaná con una talla de muebles en miniatura y recibió un diploma de reconocimiento. Posteriormente se le encargó un San Rafael para la Iglesia de Carúpano, a partir de un solo bloque de cedro. Siendo joven, creó por primera vez en el país un lenguaje escultórico propio, asociado a las raíces nacionales, exaltando y valorando además la belleza de sus elementos étnicos.

Esto le valió que poco a poco, su obra recibiera el reconocimiento general. Entre sus emblemáticas obras se cuentan además la realización de la fuente de Parque Carabobo en Caracas; Las Toninas, fuente ubicada en la plaza O’Leary de El Silencio; los frescos para la capilla de la Universidad; y la escultura ecuestre del general Rafael Urdaneta, ubicada en la plaza La Candelaria de Caracas. 

Por su parte, Katy Castillo inició sus trabajos de restauración en la Junta del Acuerdo de Cartagena, a lo que se sumaron los trabajos de restauración en el Teatro Municipal de Caracas, en la escuela José Ángel Lama y en la Villa Santa Inés.

También se le atribuye la restauración de las puertas del Palacio de Miraflores, de las naves de la iglesia La Candelaria, de la iglesia de Araure, de la Hacienda Santa Teresa, la casa natal de Bolívar, entre muchos otros, y “mi última experiencia que fue con una casa colonial en Choroní”, dijo la ingeniero.

Estos artistas venezolanos encontraron en la madera una forma única de expresión artística que ha sobrevivido en el tiempo. Narváez con su ingenio para plasmar en el mural la identidad cultural y los valores de la sociedad; y el equipo de restauradores por su compromiso de preservar la cultura, el arte y la historia de Venezuela.

 

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